Germán come papel, y trocitos de goma. Se ríe de forma compulsiva, sin parar, se pone rojo. Pero no hace ningún ruido, se ríe como en una película muda. Siempre se está riendo. De todo. No es demasiado apreciado en la clase, según indicaba el sociograma que les hice hace poco.
Su madre sufre por él. Suspendió un examen, el primero de mates, y el profe le dio el examen para que lo firmaran sus padres. Como estrategia para evitar la bronca ni le dio el examen a su madre ni se lo devolvió al profe. Este le puso una nota en la agenda. Como solución a este segundo problema, arrancó la hoja de la agenda donde estaba la nota. La madre le pilló, y se la comió con patatas.
Le tuve que poner un parte de disciplina leve. Le cayó una bronca adicional, además de las de la madre y el de mates.
Hoy he hablado con la madre de Ángela. Es una niña encantadora, muy guapeta, que aparentemente está perfectamente integrada en la clase. Pertenece a un grupo de niñas de un pueblo, son 5 ó 6 que llevan toda la vida juntas. Han tenido la suerte de coincidir en la misma clase casi todas, con lo que todo parece indicar que Ángela está la mar de contenta en el instituto. Vamos, eso es lo que parece.
En la reunión de padres su madre vino a decirme que Ángela, cuando llega a casa, se hincha a llorar. Me dijo que le cuesta adaptarse a los cambios, y que esto de ir al instituto le supera. Intenté tranquilizar a la madre, le expliqué que realmente pasar de un colegio con apenas 15 alumnos al instituto, con casi 100 en 1º de la ESO, con tantos profesores nuevos, tantos compañeros… les suele costar. Quedamos que si en algunas semanas no mejoraba el tema, volveríamos a hablar.
Hoy hemos vuelto a hablar, y me ha explicado que sigue igual. Por sugerencia de la madre me he ido a por ella, la he sacado de la clase de Naturales y me la he llevado al departamento, habitacioncita donde nunca hay nadie.
Ángela y yo tenemos una relativa confianza. Le pedí ayuda para intentar hacer la cobertura a Daniela, una niña a la que sus amigas de toda la vida le dieron la espalda, y se pasaba la hora del patio solita (pero eso es otra história). Con Daniela me echó un cable, y demostró lo noblota y buena chica que es. Pero le ha costado empezar a hablar. Es verdad que yo voy siempre al grano y debería tal vez perderme en prolegómenos para ganarme la confianza. Pero no hay tiempo. Así que le he dicho la verdad: que su madre me ha explicado que se hincha a llorar cuando llega a casa, y que me duele que una persona tan válida lo esté pasando mal. Que le quiero ayudar, si eso es posible.
Le ha costado mucho empezar (exactamente tres clínex), mientras ordenaba sus pensamientos se le iban cayendo los lagrimones. Finalmente, entre lo que ella me ha contado y lo que ya sabía por su madre, hemos hecho un mapa de niñas en un folio, y las relaciones que entre ellas se establecen a base de flechas.
Hay dos problemas:
Ella no se siente a gusto con todas las niñas de su pueblo. De un total de 7 está a gusto con 4. Y no le apetece salir los fines de semana por el pueblo, ya que en el pueblo se encuentra con las 7.
Una de sus más íntimas, María, frecuenta un grupo de niñas del pueblo A. Ángela se encuentra mejor con otro grupo de niñas del pueblo B. Y Ángela teme que su íntima amiga se cabree con ella por no frecuentar el grupo A, a favor del B.
La pobre niña sufre, pero el tema se las trae.
Cuando por fin parecía que nos aclarábamos, ha sonado el timbre. Hemos quedado en lo siguiente:
Una posible solución sería hablar con su amiga María, y explicarle que aunque vayan con grupos distintos de niñas, eso no significa que no puedan continuar siendo amigas.
Respecto a no salir con sus amigas los fines de semana…¿qué problema hay si ella prefiere no salir? Su vida es suya y hace con ella lo que quiere.
Podemos seguir hablando mañana, pero sólo si ella quiere. Yo estaré a segunda hora de guardia, en tal sitio. Si ella quiere, que venga a hablar conmigo.
Independientemente de lo que yo, su madre o cualquier diga, las decisiones sobre esto las tiene que tomar ella. ES su vida, son sus decisiones y sobre ella recaerán las consecuencias de las mismas. Por tanto, aunque yo le pueda hacer algunas sugerencias, le toca a ella decidir.
Y me he largado a clase, sin acordarme que la siguiente hora la tenía, casualmente, con ella. La he visto como muy taciturna a la pobre, y al acabar la clase me ha pedido que llamase a su madre y que le contase lo que habíamos hablado. Y me ha dicho que ella también queriahablar con ella. Total, que me he ido a la sala de visitas, he llamado a su madre y le he hecho un resumen. Ángela ha esperado fuera, y cuando yo he acabado, ha entrado ella.
Nadie nos enseña a ser tutores, como nadie enseña a ser padre. Al principio, de ser tutor y de ser profe, e imagino que de ser padre, se repiten los comportamientos observados. Yo he reconocido, en mis palabras o mis acciones, a profesores que tuvieron algún tipo de influencia en mí, y a veces me he sorprendido reaccionando como mis padres, ante el mismo tipo de situaciones, en las que yo me decía que jamás haría como ellos, que jamás pensaría como ellos.
Pero esto sólo fue al principio. Ahora, tal vez sigo repitiendo comportamientos observados, pero ahora ya forman parte de mi, de mi forma de enseñar, de reaccionar y de trabajar. Así que ya son míos, pues no reconozco su origen.
Pero es complicado. O mejor dicho, es complicado hacerlo bien.
Desde la última vez que fui tutora a ahora ha cambiado bastante mi vida. En primer lugar, ya no trabajo en un inmenso instituto de Madrid, si no en uno pequeño de un pueblecito de Tarragona. Y en segundo lugar, ya casi he acabado con las Humanidades, que me han enseñado lo interesante que puede ser estudiar al ser humano como grupo. Así que estoy haciendo experimentos con mis tutorandos. Los estudio como grupo de adolescentes, e intento modificar sus comportamientos negativos a base de intuición. Comportamiento negativo es aquel que afecta negativamente en su rendimiento escolar, o en la salud mental de sus profesores.
Pero no tengo tiempo de hacerlo bien. Creo que no tengo tiempo suficiente para hacer todo lo que tengo que hacer. Prepararme las clases, adaptarme al nuevo instituto, hacerme con los alumnos, conocer a los compañeros, situarme en este nuevo destino, estudiar francés y decidir cómo le meto mano al proyecto final de carrera me quita mucho tiempo. Y además está ir a correr por la montaña y escalar. Y hacer el debido caso a mis dos nuevas gallinas, al cachorrillo de pitbull que se ha regalado mi lololover y a la Nura. Y a la masia entre pinos. No veas.
A día de hoy he recibido ya a un montón de madres. Algunas vinieron a verme incluso antes de la reunión de inicio de curso, y a partir de ese día tengo la agenda repleta. A diferencia de las madres de ciudad, a las de pueblo las veo mucho más preocupadas por la educación de sus hijos, o al menos más dispuestas a venir al instituto a hablar conmigo. Se ofrecen a colaborar en todo, y aceptan consejos. Me tienen encantada, y agotada.
"Comienzo declarando al lector que, en todo cuanto he hecho en el curso de mi vida, bueno o malo, estoy seguro de haber merecido elogios y censuras, y que, por tanto, debo creerme libre".
Esto lo dice GiacomoCasanova, y no está mal como declaración de intenciones. Desde luego, mi papel de tutora en un grupo de 1º de la ESO, en el instituto de un pueblecito catalán, merecerá elogios y censuras. Las ciencias sociales son complicadas, y hacer bien las cosas ante tanto espectador y crítico va a ser difícil. Tengo ganas, me parece que es una manera de aplicar la antropología que tanto me gusta a un caso real.
Objetivo final: Pretendo que mis tutorandos puedan tener un buen recuerdo de su paso por primero de la ESO. Que no lo recuerden como el año en que las pasaron canutas, ni por las presiones sociales ni por la incapacidad de seguir las clases. Quiero que se sientan a gusto, que se sientan apreciados y que su fragilísima autoestima se mantenga en unos niveles aceptables. Quiero que se enfrenten a los cambios propios de la adolescencia con la mayor serenidad. Quiero que se les respete y que sepan respetar. Quiero que sepan decir "no" cuando sea "no".
En realidad quiero muchas cosas. ¡Como si dependiera de mi buena fe! En realidad, quiero ver si sirve de algo una buena acción tutorial. O mejor dicho, una acción tutorial de buena fe.
Hace pocas semanas que ha empezado el curso, y ya no doy abasto.